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Cultura - October 12, 2016

¿Cómo lidiar con la gente tóxica?

@NataliaGnecco

El conflictivo ambiente que reinó durante el segundo debate presidencial entre los candidatos Hillary Clinton y Donald Trump definitivamente dejó a unos prendidos del televisor y a otros los mandó directo a los brazos de Morfeo, porque prefirieron evitar el intercambio de ataques personales. Sin duda, lo más rescatable del cara a cara fue la manera como Hillary ignoró un elemento tan perturbador como tener en primera fila de la audiencia a las tres mujeres que acusan o a su ex marido Bill de acoso sexual, para concentrarse en sus respuestas y propinarle un par de “golpes bajos” a su contrincante.

Después de ver este cuasi reality show, una pregunta merodeaba mi cabeza: ¿cómo lidiar con personas como Donald Trump en nuestro diario vivir? Este político americano es tan toxico que hasta los mismos miembros del Partido Republicano prefieren votar por la candidata demócrata, antes de darle apoyo para que llegue a la Casa Blanca. A veces lo que sucede en la arena política es un reflejo de lo que muchos tenemos que afrontar en la oficina cuando interactuamos con personajes que caminan con una nube negra en la cabeza y son unos vampiros energéticos en potencia: nos chupan la energía y disminuyen nuestra capacidad de reacción.

Para Juliana, psiquiatra, una persona tóxica es aquella que te produce ansiedad, te critica constantemente, te hace sentir insegura, te llena de miedos, te culpa de todo, te amarga la vida, no te reconoce lo bueno, es imposible darle gusto, te hace sentir dependiente o bruta; o poco linda o temerosa. Alguien que en lugar de hacerte la vida más feliz y más leve te la hace más difícil, en otras palabras, te complica la vida.

Por su parte Raquel, quien afirma que psicología no es solo su profesión, sino su vida y pasión es enfática en afirmar que “estas personas conflictivas no saben respetar ni considerar a los demás, a los que utilizan como marionetas de su mal carácter y como dianas de sus conflictos externos e internos. No viven, ni dejan vivir y, como consecuencia, frenan el desarrollo y crecimiento personal de los que les rodean”.

Al conocer la tesis de ambas expertas Andrés, abogado, de inmediato agrega “una persona tóxica te envenena y el veneno mata…. Toca detectarla rápido antes que el veneno te haga efecto… Y cuando además son radiactivas, el veneno se esparce y los envenenados son todos en tu entorno, por eso cuando detectas una persona tóxica a tu alrededor: ¡HUYE! Su amiga Amanda, jefe de ventas de un operador celular, reflexiona por unos minutos sobre el consejo del abogado y confiesa: “tuve una pareja así en algún momento de mi vida, tenía que haberlo vivido para poder opinar en este blog. Estuve al pie del cañón, al principio mediando y tratando que Fernando viera la vida desde otra perspectiva, pero me volví contestataria, amargada, descalificativa mejor dicho peor que mi pareja. Afortunadamente, volví a ser “yo”, a tiempo. Entendí que hay personas en la vida que te enseñan, como dicen por ahí, “a no ser como ellas “ y por supuesto a no seguir en esa relación!

Del otro lado de la ciudad, en medio de un animado cappuccino, Pilar, ingeniera considera que encontró la fórmula para desarmar a estas personas tóxicas: “primero hay que comenzar con la práctica diaria y permanente de vigilar las intenciones, los pensamientos, las palabras y las acciones de uno mismo. Así vamos limpiando y librándonos de elementos igualmente dañinos para nosotros mismos, encontrando paz y armonía en nuestro interior. No importa cuáles sean las circunstancias, la idea es mantener la calma y respirar cuando las cosas parecen adversas. Uno va haciéndose más sensible a los ambientes o personas tóxicas, al punto que se vuelve un reto. Yo respiro, me dispongo a estar en paz, aunque me cueste, y ¡me cuesta mucho! Pero. entiendo que esa persona está librando una batalla consigo misma”.

Respetando lo que dice Pilar, Luis, quien es administrador y trabaja en una entidad estatal siente que ya “votó el chupo” con una de sus colegas porque está cansado de su actitud, con fastidio asegura: “no sé cómo pueden durar tantos años estos esperpentos en una entidad, sin la intervención del área de Recursos Humanos. Mi compañera se “enferma” todos los meses, vive enfadada todo el tiempo, un día saluda otro nos ignora, todo le molesta, nunca se integra y cuando lo hace es para hacernos sentir miserables. Para rematar, se enchufa en su computador, con severos audífonos y si tenemos una reunión saca su celular se pone a chatear y nos hace cara de FO a todos… Al comienzo uno se ríe, no le hace caso, pero ya pedí cambio, ¡no me la soporto más!

Pilar entiende el desespero de Luis porque ella misma lo ha padecido, pero insiste: “si es en una reunión de trabajo, la prueba es aún más exigente. He aprendido a hablar y argumentar lo menos posible, máxime en mi caso, que tengo dificultades con la autoridad irracional, o con los jefes y compañeros que viven en la medianía (esos que atomizan las nuevas ideas o la innovación, los que banalizan lo que evidentemente es una crisis o una situación que requiere cuidado) Entonces, respiro, respiro, respiro….

Hay que fijar límites

Hablar de este tema se puede convertir en una catarsis para muchos, es por eso que decidí llamar a Canadá a mi amiga Inés Elvira, socióloga con gran experiencia en resolución de conflictos, quien encontró un espacio para aportarnos su valiosa opinión: “una persona tóxica describe de manera coloquial todo tipo de personalidad problemática. Por lo general se refiere a aquellas personas cuyas percepciones y reacciones tienen tendencia hacia lo negativo, pareciera que el cerebro se acostumbra a transitar caminos conocidos y genera respuestas parecidas, basadas repetidamente en las percepciones negativas de los demás, pero nunca de sí mismos”.

Inés Elvira considera que hay distintos estilos de toxicidad y esa toxicidad es una mezcla entre dos personajes ficticios que ella presenta así: Narciso Bello y Pedro Malo. Narciso Bello necesita una audiencia, busca aprobación y admiración, se impone, se vale del poder y la fuerza para someter a los demás. Por lo general las personas que exhiben este estilo de toxicidad pueden tener mucho éxito en sus carreras o financieramente, pero en el fondo de sí mismos, desprecian a los demás y cultivan odio hacia aquellos que son más fuertes, exitosos o poderosos y se sirven de quienes se lo permitan. Se podría decir que llevan una pantalla enorme detrás de la cual esconden su pequeñez. Estas personas también sufren la angustia de hacerse opacar y en el fondo lo único que cuenta para ellas es el engrandecimiento de su ego, a sus ojos y a los ojos de los demás.

El caso de Pedro el Malo es algo distinto. Pedro el Malo está convencido de su superioridad que le permite empujar y maltratar, porque tiene toda la razón. Es arrogante y cree que jamás se equivoca, por eso tiene que señalar las faltas y los errores de los demás, con nombre y apellido. Pedro el Malo no se verá jamás haciendo fila, sino colándose. Pero Pedro el Malo tiene buena memoria y no perdona jamás, cualquier desaire u ofensa tiene que encontrar retribución. Pedro el Malo no podrá jamás pedir perdón puesto que nunca se ha equivocado. Son los demás los que no han entendido. Pedro el Malo rompe fácilmente todas las convenciones sociales y se indigna cuando es confrontado pues siente que su grandeza no ha sido reconocida. Cualquier diferencia de opinión con Pedro el Malo es interpretada como infidelidad digna de castigo y esta es una de las razones por las cuales no se puede negociar con él, quien es solamente capaz de imponer. Tampoco puede formular claramente ideas, puesto que el fin es imponer sus intereses.

Pedro el Malo, tampoco es capaz de negociar puesto que recurre a la mentira, el engaño, la confusión y la pretensión para acceder a sus fines. La fachada de Pedro el Malo esconde su gran inseguridad. Tanto Narciso Bello como Pedro el Malo valoran los resultados más que los medios para obtenerlos y en ello reside gran parte de su toxicidad. Ahora, ¿cómo lidiar con Narciso Bello y Pedro el Malo? Fijando límites, poniendo distancia y si es posible alejándose de ellos y evitando todo tipo de acercamiento o negociación.

Fotos: Management Journal- http://blog.zonacitas.com- huffingtonpost.com
Agradecimientos: Juliana Villate- Inés Elvira Marchand

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