Cuando callar se hace costumbre,
hasta el tiempo se detiene.
El silencio se hace amigo,
la tristeza, compañía.
El agobio, una razón para existir.
El sentimiento no vuelve a salir,
solo el susurro de un juego perverso
que acaba con cualquier resistencia.
Un dolor profundo sin causa,
solo la pretensión de herir
sutilmente,
hasta desvanecer cualquier signo de voluntad.
¿Callar para siempre?
¿Dormir sin el abrigo
de un sueño frustrado?
Mientras el alma aguarda,
esperando una señal de tranquilidad
que tal vez no llegará jamás.
Solo el silencio sabe
lo que es capaz de guardar.
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