La paz también se cuenta en imágenes

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Una exposición internacional reúne a caricaturistas de los cinco continentes para hablar de paz, guerra y humanidad a través de un lenguaje que no necesita traducción.

Hay imágenes que no necesitan explicación. Basta mirarlas para entender que detrás de ellas hay una pregunta, una denuncia, una ironía o incluso un grito. Eso fue precisamente lo que encontré en “Paz sin palabras”, el primer Salón Internacional de Caricatura, una iniciativa que nació alrededor del Día Internacional de la Paz y que reunió a artistas de los cinco continentes bajo una premisa poderosa: hablar de la paz utilizando únicamente el lenguaje de la imagen.

La convocatoria superó las expectativas. Fueron cientos de trabajos recibidos desde distintos países y, después del proceso de selección, 368 obras llegaron a la exposición. Tres de ellas fueron reconocidas con los primeros lugares.

Tres premios, tres maneras de hablar sin palabras. El primer puesto fue para el caricaturista y escritor ucraniano Vladimir Kazanevsky, por una obra sin título. Kazanevsky nació en 1950 en Ucrania. Trabaja como caricaturista y escritor independiente. Su obra se ha exhibido en todo el mundo y se ha publicado en numerosas revistas y periódicos; además, ha ganado cerca de 500 premios en concursos internacionales de caricatura celebrados en 52 países.

El segundo lugar correspondió a Qi Jingyan, caricaturista y animador chino, por Run Away (Huyendo), realizada con tinta china sobre papel de arroz. Jingyan es conocido en plataformas digitales por su portafolio de ilustraciones con un estilo pictórico digital, que incluye dinámicos diseños de personajes y conceptos inspirados en obras populares como League of Legends.

El tercer premio fue para la caricaturista iraní Marzieh Khanizadeh Abyaneh, por The Future of War Children (El futuro de los niños de la guerra). Marzieh reconocida en concursos internacionales por sus caricaturas de contenido social y antibélico. Su obra, cargada de ironía y fuerza visual, demuestra cómo una imagen puede convertir temas complejos en mensajes que llegan de inmediato al espectador.

Tres artistas, tres culturas y tres formas diferentes de aproximarse a una misma preocupación: la guerra, sus consecuencias y la necesidad de construir paz. El jurado estuvo integrado por Joe Broderick, caricaturista y escritor; Cecilia Ramos, “La Che” caricaturista, y Fabio Cardona, director del periódico El Fuete de Pereira.

La iniciativa de este concurso fue de Hanna Cuenca y Hárold Trujillo, “Chócolo”, con el respaldo de instituciones y medios de comunicación como El Espectador, que hicieron posible este encuentro internacional. Y detrás de la convocatoria hay también dos nombres fundamentales para entender la historia de la caricatura colombiana: Betto y Consuelo Lago.

Cuando el dibujo se convierte en memoria

La convocatoria estuvo inspirada en Alberto Martínez, “Betto”, maestro de la caricatura sin palabras y reconocido caricaturista de El Espectador, quien recibió múltiples reconocimientos, entre ellos el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar. Su particularidad estaba precisamente allí: decir mucho sin escribir nada.

Betto era de esos caricaturistas que gritaban sin palabras. Sus dibujos, generalmente en blanco y negro, podían condensar en una sola imagen una crítica, una pregunta o una reflexión sobre la realidad colombiana.
Por eso su espíritu está tan presente en este salón: porque Paz sin palabras demuestra que no siempre necesitamos un texto para comprender un mensaje.

La exposición también rindió homenaje a Consuelo Lago, creadora de La Negra Nieves, personaje emblemático de El Espectador y una de las figuras más importantes de la caricatura colombiana.

Nieves nació en 1968 y, durante décadas, se convirtió en una observadora permanente de la sociedad colombiana. A través de ella, Consuelo Lago retrató la idiosincrasia y el carácter de las mujeres afrodescendientes del Valle del Cauca y de la región Pacífica. En 1983 recibió el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar por su aporte al periodismo a través de la caricatura.

Betto y Consuelo Lago pertenecen a una generación de creadores que demostraron que el humor gráfico puede ser, al mismo tiempo, arte, periodismo, memoria y crítica social.

Chócolo, Broderick y Yayo: el riesgo de dibujar lo que incomoda
Conversar con Chócolo sobre caricatura es acercarse a una mirada que no le teme a la ironía ni al sarcasmo. Él mismo reconoce que Colombia es una fuente inagotable de situaciones, contradicciones e historias para quien observa la realidad desde el humor.

Y lo dice con una frase que resume, quizá mejor que cualquier explicación, su relación con el oficio: “Soy bueno dibujando y malo con las palabras”. Pero detrás de esa frase hay una reflexión más profunda. La caricatura de opinión incomoda, precisamente por eso debe ser respetada: incluso cuando provoca, cuestiona o no estamos de acuerdo con ella, existe detrás una propuesta gráfica que merece ser mirada.

Chócolo también habla de los límites del humor. No todos los temas pueden abordarse de la misma manera. El reclutamiento de niños, los secuestros y otras formas de violencia plantean dilemas difíciles para quien intenta convertir una tragedia en materia de reflexión humorística.

Sin embargo, defiende la necesidad de la ironía. Porque reír —incluso frente a una realidad dolorosa— puede ser también una manera de resiliencia.

Joe Broderick, caricaturista y escritor, conoce bien ese riesgo. Para él, hacer caricatura de opinión es una tarea arriesgada: quien dibuja pone el pellejo y sabe que otros pueden criticarlo por expresar lo que siente. Su mensaje, sin embargo, es claro: hay que seguir adelante con valentía y con la fuerza necesaria para defender la libertad de dibujar.

La muestra de caricaturas es muy diversa, dentro los participantes internacionales encontré además una conexión especialmente cercana: Diego Herrera, “Yayo”, colombiano radicado en Montreal, a quien tuve la oportunidad de conocer durante mi etapa en Canadá, de hecho es uno de mis personajes de mi libro Son mis huellas y hay camino. Su obra, “Petición por liberar la paz”, hace parte del salón.

Yayo ha dedicado buena parte de su trayectoria a la caricatura sin palabras. Durante 29 años tuvo su espacio de dibujo de humor, Le Monde de Yayo, en la revista canadiense L’actualité. Su obra ha sido reconocida internacionalmente, entre otros, con el Grand Prix PortoCartoon, en Portugal, y el Grand Prix The Golden Smile, en Belgrado, además de importantes reconocimientos en Quebec.

Su participación confirma algo que esta exposición deja claro desde el primer dibujo: la caricatura no necesita traducción. Puede venir de Ucrania, China, Irán, Colombia o Canadá y, aun así, encontrar un punto de encuentro en la mirada de quien observa.

Quizás esa sea la verdadera fuerza de Paz sin palabras: recordarnos que una imagen puede ser una forma de cultura, de memoria y de conciencia. Y que algunas veces, cuando las palabras no son suficiente, un dibujo puede gritar en silencio.

 

NG

Natalia Gnecco Arregocés es una periodista y comunicadora social colombiana graduada de la Universidad de La Sabana. Posee experiencia en escritura periodística, investigación, relaciones públicas y comunicación. En 2009 fundó el Festival LatinArte en Montreal y fue nombrada una de las siete personalidades del año. También es autora de la novela "La promesa" y “Son mis huellas y hay camino”. Habla con fluidez inglés, francés e italiano.

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