Te propongo que tu ausencia no sea
intermitente, sino permanente.
Que el silencio sea nuestro aliado
y no nuestro verdugo.
Que podamos sentirnos libres, sin herirnos.
Que el deseo sea un bello recuerdo
y no una tortura sin destino.
Te propongo romper nuestras ataduras
sin que se nos arrugue el alma.
Así, cada instante de la vida traerá un alivio,
porque entregar un corazón sincero a quien
naufraga en la incredulidad es un suplicio.
Pasemos la página…
¡Hagamos un trato!
Foto: ELG21 – Pixabay