Pierre Lemaitre y su universo de suspenso, memoria e ironía

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Conocí la obra de Pierre Lemaitre gracias a la librería Tiempos Futuros, en Bogotá, y bastó leer el primer volumen de su tetralogía para quedar completamente atrapada. Se trata de Los años gloriosos (Les Années Glorieuses), una saga compuesta por cuatro volúmenes: Le Grand Monde (2022), Le Silence et la Colère (2023), Un avenir radieux (2025) y Les Belles Promesses (2026).

La historia comienza en Beirut en 1948 y, poco a poco, se expande hacia París, Saigón y otros escenarios marcados por las tensiones políticas y sociales de la posguerra. Más que una saga familiar, Lemaitre construye una inmensa crónica social donde el suspenso, la ironía y la crítica histórica conviven de manera magistral.

Estos cuatro libros son una muestra de la genialidad del escritor francés, quien comenzó a escribir relativamente tarde, a los cincuenta y cinco años, y terminó convirtiéndose en uno de los grandes nombres del thriller y la novela negra contemporánea. Su mayor reconocimiento llegó con el Premio Goncourt de 2013 por Au revoir là-haut, aunque ha seguido explorando distintos registros narrativos sin abandonar jamás la tensión psicológica que caracteriza su obra.

Tuve también el placer de leer Cadres noirs, una auténtica joya literaria que posteriormente fue adaptada por Netflix bajo el título Recursos inhumanos, protagonizada por Éric Cantona. Sin embargo, el placer de leer a Lemaitre supera cualquier adaptación audiovisual. Es un autor que disfruta la ansiedad del lector y sabe exactamente cómo manipular el ritmo narrativo para mantenernos atrapados hasta el final.

El sarcasmo que maneja Lemaitre es único. Detrás de cada personaje —profundo, contradictorio y lleno de zonas oscuras— se esconde una sonrisa irónica que deja al descubierto la naturaleza humana. Por eso quiero centrarme especialmente en Los años gloriosos y en la extraordinaria construcción narrativa alrededor de la familia Pelletier: Louis Pelletier, el patriarca propietario de una fábrica de jabón en Beirut; Angèle Pelletier, la madre y figura dominante del hogar; Jean Pelletier, apodado Bouboule, supuestamente destinado a continuar los negocios familiares; François Pelletier, el periodista; Étienne, el hijo más sensible y complejo; y Hélène Pelletier, quizá uno de los personajes más fascinantes y ambiguos de toda la saga.

A ellos se suman personajes secundarios memorables, como Geneviève, la nuera ambiciosa y manipuladora, o incluso Joseph, el gato silencioso y observador que parece recorrer toda la historia como testigo del sufrimiento ajeno. Lemaitre tiene la capacidad de convertir hasta los detalles aparentemente menores en elementos esenciales del universo narrativo.

Cada personaje es un universo por descubrir, y eso es precisamente lo que más me fascina: la manera en que Lemaitre nos manipula como lectores y nos revela facetas inesperadas de sus personajes en el momento menos pensado. Sus historias de amor, supervivencia, ambición y lucha profesional nos estremecen, mientras el autor se burla sutilmente de sus debilidades humanas. A veces es imposible no reírse mientras observamos cómo intentan encontrar su lugar en un mundo que cambia vertiginosamente.

La crítica social como inspiración

Uno de los grandes méritos de esta tetralogía es la manera en que Pierre Lemaitre integra acontecimientos históricos reales dentro de la ficción. En Le Grand Monde, por ejemplo, retrata el final del imperio colonial francés en Indochina y el oscuro universo económico que rodeaba la guerra contra el Viet Minh. Francia mantenía un lucrativo negocio alrededor del opio, controlado parcialmente por el propio sistema colonial, mientras redes militares, políticas y clandestinas utilizaban ese comercio para financiar operaciones y enriquecerse.

Paralelamente, existía el llamado “escándalo de las piastras”, una manipulación del tipo de cambio entre la moneda de Indochina y el franco francés que permitió enormes ganancias ilegales mediante operaciones de divisas. Lemaitre mezcla así la historia de los Pelletier con un universo de corrupción, mercados negros y decadencia política que refleja las contradicciones de la posguerra francesa.

Otro aspecto que me impactó profundamente aparece en Le Silence et la Colère. Allí, Hélène Pelletier realiza una investigación sobre la higiene de las mujeres francesas y descubre una realidad doméstica estremecedora: muchas familias aún vivían sin agua caliente, sin duchas y sin condiciones básicas de salubridad. Debo admitir que eso me sorprendió muchísimo; en Colombia solemos asociar Francia con una imagen sofisticada y moderna, por lo que descubrir esas precariedades en plena posguerra resulta impresionante.

El otro gran acontecimiento de la novela es la construcción de un gigantesco proyecto hidroeléctrico inspirado en el caso real de Tignes, donde pueblos enteros fueron demolidos y cientos de habitantes desplazados en nombre del progreso. Lemaitre convierte así la novela en una poderosa reflexión sobre el costo humano de la modernidad y la violencia silenciosa del desarrollo.

Cada libro es un mundo distinto, y quizá por eso prefiero no revelar demasiados detalles ni hacer spoilers. Parte del encanto de Lemaitre consiste precisamente en descubrir lentamente las múltiples capas de sus historias. Además, es un narrador complejo: nunca aborda un solo tema. Sus novelas nos sumergen simultáneamente en conflictos políticos, tensiones familiares, transformaciones sociales y dilemas morales. Incluso revive episodios como la prohibición del aborto en Francia y el auge de las clínicas clandestinas. Su crónica social es tan rica y detallada que leerlo termina convirtiéndose en un verdadero reto intelectual y emocional.

 Un final lleno de suspenso

Lemaitre es adictivo, de verdad.  A ratos uno quisiera ponerlo contra la pared y exigirle respuestas inmediatas, pero él sabe perfectamente cómo administrar el suspenso. Y así lo demuestra en Les Belles Promesses, donde la estocada final no decepciona. Al contrario: confirma que la saga mantiene su fuerza hasta el último volumen.

En esta última entrega, Lemaitre vuelve a explorar el costo humano del supuesto progreso económico de la Francia de posguerra. La construcción de grandes autopistas y proyectos urbanos transforma radicalmente las ciudades, pero también desplaza familias enteras y destruye hogares humildes. Bajo el discurso del desarrollo aparecen la especulación inmobiliaria, la corrupción política, los intereses financieros y las manipulaciones detrás de las grandes obras públicas.

Lo más impresionante es que el autor nunca pierde de vista la dimensión humana de sus personajes. Mientras algunos se enriquecen gracias a estas transformaciones urbanas, otros pierden sus hogares, sus empleos y toda estabilidad. Y, en medio de todo ello, los Pelletier siguen funcionando como el hilo conductor de una aguda crónica social sobre las fracturas ocultas detrás de la modernidad.

Jean Pelletier, especialmente, se convierte en uno de los personajes más complejos de la saga. Al final, exploramos más a fondo su relación con sus hijos, Colette y Philippe; con su esposa, Geneviève; y con su cuñada, Thérèse, lo cual nos revela nuevas tensiones familiares. Por primera vez entramos profundamente en su mente atormentada a través de sus diálogos, monólogos, manipulaciones y silencios.

También en este capítulo final  François Pelletier enfrenta un enorme dilema ético y existencial que lo lleva a cuestionarse continuamente sobre la justicia, la lealtad, la complicidad y el amor familiar. Y es ahí donde uno termina cuestionando aquel viejo adagio italiano: “Chi colpisce la famiglia, colpisce Dio.”

Así que no esperen más. Si todavía no han descubierto a este gran maestro de la literatura francesa contemporánea, quizá ya sea hora de dejarse atrapar por el universo inquietante, brillante e irónico de Pierre Lemaitre.

 

Agradecimientos: librería Tiempos Futuros

 

NG

Natalia Gnecco Arregocés es una periodista y comunicadora social colombiana graduada de la Universidad de La Sabana. Posee experiencia en escritura periodística, investigación, relaciones públicas y comunicación. En 2009 fundó el Festival LatinArte en Montreal y fue nombrada una de las siete personalidades del año. También es autora de la novela "La promesa" y “Son mis huellas y hay camino”. Habla con fluidez inglés, francés e italiano.

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