Miércoles, 04 Junio 2014 00:00

Eddy Pérez, un ciudadano saludable Featured

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@NataliaGnecco 
Cargado de una USB, un computador, unas cartulinas y marcadores para crear juegos de comprensión e interacción, así emprendió Eduardo Pérez su proyecto ECONOMADA junto a Mathilde Michaud y Antoine S.Christin, para hablar sobre los cambios climáticos a través de Canadá, Estados Unidos, México , Guatemala, El Salvador , Panamá , Colombia, Perú, Bolivia , Argntina y Chile, utilizando transporte colectivo.

Esta conversación panamericana sobre el cambio climático implica hablar sobre educación, intercambiar conocimientos y reflexionar entorno a muchas experiencias para encontrar soluciones comunes a las problemáticas ambientales, sociales y económicas relacionadas con este tema. Las conferencias fueron gratuitas y estaban dirigidas a estudiantes de secundaria, universidades tanto públicas como privadas, para incentivarlos sobre la importancia de la participación ciudadana en este desafío generacional.

 

ECONOMADA nació en Canadá, pero uno de sus creadores es Colombiano, pues Eduardo nació en Cartagena durante la intensificación del conflicto armado entre el gobierno, los grupos guerrilleros y paramilitares en la década de los 90. Desde muy niño viajó a la provincia de Quebec acompañado de sus padres a quienes la violencia en Colombia los obligó a buscar nuevas oportunidades en el extranjero. Desde su llegada a Montreal, Eduardo ha participado en proyectos de base que promueven la ciudadanía y la emancipación social. Es trabajador social en estrategias de vivienda en la Non-Profit Housing Organizations Federation de Montreal y uno de los participantes en el Parlamento de la Juventud de Quebec- Canadá.

En el 2007 Eddy, como lo llaman sus amigos, creó una cafetería sin fines de lucro para que muchos jóvenes se reunieran a crear estrategias a favor de las personas que no tienen un hogar y viven en las calles de Montreal. En el 2011 trabajó con una organización sin fines de lucro en el primer Foro de la Juventud y Vivienda Social en Montreal. Un año más tarde, fue uno de los pocos canadienses seleccionados para participar en un curso de formación llevado a cabo por el ex vice presidente de Estados Unidos y Premio Nobel, Al Gore, donde fue el portavoz de los voluntarios en materia de cambio climático del Climate Reality Project .

Eduardo es licenciado en Sociología y tiene un certificado en Ciencias Urbanas de la Universidad de Montreal, además ha realizado dos certificados en Emprendimiento y Emprendimiento Social. Una de sus máximas ambiciones es comprender las desigualdades entre ciudadanía y educación que se dan en las sociedades modernas. Para lograrlo el propone el análisis de sus propias raíces culturales y el estudio acerca de cómo los jóvenes americanos se involucran en los temas sociales que afectan a su vida cotidiana. ¿Cómo están los jóvenes de hoy en día transformando su educación y qué grado de compromiso tienen con la sociedad? Es uno de los grandes interrogantes que se plantea Eddy.

¿Por qué creaste  este proyecto de Economada ?
Salí a conectarme con el mundo buscando la vida, a comprender quién era, a conversar con mi alma. De Canadá hasta Chile, mi desafío ha sido aprender, compartir ideas e impresiones sobre nuestras sociedades, el cambio climático y nuestro porvenir.

¿Cómo te fue en este periplo?
Dormí en Dallas, saboreé México y me enamoré de Costa Rica. Comí en Panamá y me vestí de la historia de Cartagena. Me cansé en la ruta de la Costa a Bogotá, pero recibí el calor que los bogotanos me brindaron. Y mientras más viajo, más confundido estoy, menos sé quién soy. Eso sí, el desarrollo de Centro y Sur América es sorprendente, estos países han logrado posicionarse en el mundo como entes de bienestar, ejemplos de democracia y potencias internacionales.

¿Qué diferencias notaste al dejar Norteamérica?
Centroamérica y Sudamérica ya no son sucursales de los Estados Unidos, gozan de nuevas oportunidades sociales, urbanísticas, tecnológicas y económicas, han logrado posicionarse en el mundo con fuerza y emprendimiento.

¿Algunas similitudes también?
Existen problemas similares desde México hasta Bogotá. Las basuras, la desigualdad social, la utilización de energía y del agua representan cuatro desafíos de importancia para estas grandes ciudades latinas. Aunque, si algo es cierto, las basuras no existen. Existen personas que no saben qué hacer con sus cosas. Existimos para acumular, para darle precio a algo que pierde su valor en el momento en que lo compramos. Si botamos las cosas es porque el sistema nos exige que para que seamos reconocidos en esta sociedad tenemos que valorar aquello que fácilmente pierde su valor.

¿Y con Canadá?

Salí desde la tierra de Jacques Cartier y Jeanne Mance, observé que desde Quebec hasta Colombia, tenemos problemas de identidad que se concretizan en las estructuras sociales y económicas que organizan nuestras naciones. Me di cuenta que muchas veces pensamos que el futuro lo dirigen los políticos y olvidamos que el político se inspira del ciudadano para vender su programa electoral.

¿Por qué hablar de cambio climático?
Creo que el cambio climático es el desafío más importante de nuestra generación. Las sociedades más vulnerables son aquellas que sufrirán las consecuencias de la severidad de eventos climáticos que lleguen a azotar nuestras bellas tierras latinas. Lo que sucede es que existe un problema de educación básica que no nos permite ver el cambio climático como un factor social o económico basado en nuestros actos carbointesivos. El flagelo ambiental es solamente la consecuencia de nuestras decisiones sociales y aunque muchos de estos países no sean los mayores productores de gases del efecto invernadero, sus ciudadanos compran muchas cosas importadas de la China. Ósea, contribuimos indirectamente a las emisiones producidas por este país.

¿A qué te refieres cuando hablas de una crisis climática?
Esta crisis, sea climática, social o económica, es ante todo un fenómeno que exige de nosotros que pensemos en los aspectos más fundamentales de nuestra existencia. Nuestra forma de pensar, nuestra forma de vivir y de coexistir. El cambio climático debe ayudarnos a redefinir la definición misma de ciudadanía de la cual, a mi concepto, deberían imponerse tres principios: la solidaridad, el reconocimiento de nuestros derechos fundamentales y una definición de libertad basada en la comprensión de los obstáculos que se imponen a nosotros como ente social.

¿Algo que te haya impactado durante el viaje?

Me acompaña la sonrisa de una mujer que conocí en un basurero municipal en México. Me acuerdo de su mirada, de sus ojos claros, de su sinceridad, de sus palabras cuando ella me decía entre desechos, perros y mal olor: '' aquí todos trabajamos orgullosamente, aquí todos somos familia''.

¿Cómo resumes tu experiencia de ECONOMADA?

Pudimos hacer conferencias en cinco países. Encontramos más de 5000 personas, sobre todo jóvenes de colegios, universidades y organizaciones de la sociedad civil. Los jóvenes estuvieron muy entusiastas y agradecidos con ECONOMADA. Muchas veces aquellos que trabajan en organizaciones interesadas en el medio ambiente y el cambio climático se sienten excluidos por los gobiernos locales o nacionales, sienten que sus esfuerzos no están siendo reconocidos. Por eso hicimos este proyecto, nuestra misión era de hablar de actividades y proyectos realizados por organizaciones independientes para defender el medio ambiente y trabajar por una sociedad mucho más consiente con los problemas ligados al cambio climático.

¿Alguna anécdota que quieras compartir?
En Panamá conocí a un argentino y hablamos de nuestras vidas. Él me comentó que era artista y pasaba por un momento muy difícil en su vida; yo le dije que estaba viajando por el mundo para conocerme mejor y para hablar de cambio climático. Este joven vivía en una casa de artistas en el centro de Panamá, estaba sin dinero, casi vivía del aire que respiraba. Lo invité a tomarse una cerveza, luego lo acompañé a su casa, una construcción de estilo colonial, con balcones adentro y techos muy altos. Al entrar sentí un fogaje terrible, vi una cama tirada en un piso algo sucio, un abanico pequeño y una cocinita muy rustica. Pero al voltear a mi izquierda me sorprendí. Había decenas de pinturas pegadas al muro, cuadros con símbolos escatológicos, obras de arte iluminadas muy hermosas, pirámides, mujeres pintadas, flores, muchos colores. El me presentó su trabajo con orgullo, pero con mucha humildad, y mis ojos se sorprendieron con tanto arte. Durante nuestra conversación, este joven me dijo que los humanos tenemos que aprender a vivir con la muerte, porque en esta vida siempre estamos renaciendo. Sus obras costaban miles de dólares, pero no era el dinero lo que lo inspiraba, él sólo quería vivir, aprender a morir para poder renacer.

Finalmente, ¿qué piensas hacer a tu regreso a Montreal?

Con Mathilde y Antoine tenemos que compilar todas las observaciones y vamos a presentar los resultados. Después, estoy planeando un proyecto más largo, basado en la redefinición de los espacios públicos. Mi objetivo es poder hacer proyectos locales, donde las organizaciones de la sociedad civil puedan utilizar los espacios públicos para comunicarse más con los ciudadanos. Me gustaría también organizar eventos donde no se deseche la basura, donde las cosas sean reutilizables y reciclables.

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