Natalia Gnecco

Natalia Gnecco

@NataliaGnecco

Siempre he pensado que la muerte de los grandes artistas se puede comparar con un sueño profundo, sueño del cual siempre despiertan gracias a la grandeza de sus obras, piezas que nos hacen sentirlos más vivos que nunca entre nosotros. Prueba de ello es el regreso de Henri de Toulouse-Lautrec a grandes museos de Norteamérica como el Museo de Bellas Artes de Montreal, (MBAM ), que nos abre sus salas del 18 de junio a la 30 de octubre con una colección privada y excepcional de pósters de Toulouse-Lautrec (1864-1901), el gran maestro francés del siglo XIX, que revolucionó la técnica del grabado.


Eran las siete de la mañana y el reloj corría despavorido como de costumbre, cuando de llegar temprano al trabajo se trata. De repente Luisa recibió una llamada del Banco de Bogotá para ofrecerle una tasa de interés más baja para cuotas mensuales de su tarjeta de crédito, respiró profundamente y mientras trataba de enderezar sus medias veladas contestó:

Recuerdo que cuando estábamos en noveno año de bachillerato una de nuestras compañeras del colegio falleció a causa de anorexia, una enfermedad para entonces desconocida en nuestro argot juvenil, pero la madre de Luz Dary se encargó de ir de curso en curso para prevenirnos de esa terrible enfermedad que padeció su hija, quien pesaba 35 kilos cuando falleció. Jamás olvidamos esa lección.

A paso lento, pero seguro, la alta figura del compositor se iba abriendo camino entre la multitud, el color de su guayabera rosada no pasaba desapercibido, como tampoco su pequeña acompañante, Camila, quien sonriendo lo condujo al escenario. Sumidos en una increíble complicidad padre e hija se miraron por unos segundos e improvisaron los versos de La cometa loca, acompañados por el acordeón, la caja y la guacharaca en el Encuentro de Compositores realizado en el club Campestre de Valledupar, durante la 49 versión del Festival de la Leyenda Vallenata.