Natalia Gnecco

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@NataliaGnecco
“Yo quería que mi hija se desapareciera a los 14 años y regresara en otra época”. Sin el menor rastro de arrepentimiento, María Eugenia, de 49 años, esteticista de profesión, separada, resume ese período tan difícil que atravesó cuando su hija se escapaba de la casa, era grosera con ella y sus noches estaban cargadas de un stress total, de solo pensar que le pudiera ocurrir algo malo, que cayera en las drogas o saliera embarazada, con tristeza dice: “parecía que yo fuera su peor enemiga, su rebeldía no tenía límites, mientras yo me mataba trabajando, a ella todo le valía cinco”.

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La espesa neblina que cubría el cielo estaba acompañada de gotas de lluvias que se intensificaban a medida iban transcurriendo los minutos, pero nada impidió que los peregrinos llegaran de rodillas a pagar sus promesas a la Virgen de Fátima. Como si se tratara de un espejismo, la Capilla a de las Apariciones y la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Fátima abrían de par en par sus puertas para recibir a cientos de fieles que, como yo, visitaban el Santuario, con la esperanza de compartir sus alegrías, preocupaciones y tristezas en un lugar que encierra el misterio de los mensajes recibidos por los pastorcitos Lucia Dos Santos, Jacinta y Francisco Marto.

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Hablar de infidelidad femenina dejó de ser un tabú hace marras, así lo demuestran comedias como “In-fieles, porque ser fiel está de moda”, que presenta el teatro Santafé,con un reparto encabezado por Gabriela (Yolanda Rayo), Patro (Liliana Gonzales), Juana (Linda Lucia Callejas) y Rafaela (Luly Bosa). En medio de situaciones jocosas, canciones y bailes los cuatro personajes disciernen sobre si las mujeres son capaces de ser infieles y si están dispuestas a perdonar una infidelidad.

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Si Miguel de Cervantes Saavedra estuviera vivo seguramente sufriría de taquicardia cada vez que entrara a su muro del Facebook y se topara con todas las faltas ortográficas que desfilan por nuestra retina en esa eterna confusión que se apodera de los cibernautas al usar: a ver y haber; allá y haya; ¡Ay!, ahí y hay; hecho y echo; a y ha; has y haz; iva e iba; tuvo y tubo; cayó y calló; etc, etc. Es obvio que en la época del Hidalgo Don Quijote de la Mancha lo que había era tiempo para leer y adornar el lenguaje en cada una de las respuestas, algo que en la era digital pasó al olvido, pues hay que contestar a la velocidad de la luz, sin importar que se atropellen todas las normas gramaticales.