Sábado, 28 Marzo 2020 01:04

Si se detiene el mundo, que no se detenga el amor (primera parte)

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El viejo refrán “ojos que no ven, corazón que no siente” se está transformando al ritmo del coronavirus.

Más allá de la convivencia forzada que están afrontando las parejas de antaño, de la separación de los novios jóvenes, o del distanciamiento de los amantes clandestinos, se está reconfigurando el amor virtual a través de las aplicaciones y cada historia de amor se ha convertido en una experiencia de vida que va desde afrontar el periodo de confinamiento, la distancia, la incertidumbre por el futuro al temor por el contagio y la esperanza por un recuentro, no muy lejano.


Zully, de 47 años, conoció a su esposo Juan durante una capacitación en la Cámara de Comercio de Bogotá, cuando él evitó que ella rodara por unas empinadas escaleras. Se ennoviaron, se casaron y emprendieron un negocio de entrenamiento personal, pues ella es economista especializada en ejercicio físico, entrenadora personal NPTI de Virginia, Estados Unidos, y su esposo diseñador gráfico, experto en entrenamiento Unifitness. Sin embargo, toda esa inversión profesional y económica había cumplido su ciclo, para el 2020 deseaban un cambio, vivir en un lugar con menos estrés, inseguridad y ruido.

Con nostalgia, la economista bogotana cuenta: “el plan inicial era que Juan viaja a Zaragoza, España, donde vive su mamá para empezar otro trabajo y luego hacer un trámite de reagrupación, pues amábamos nuestro trabajo, pero nos sentíamos desgastados. Fue una decisión de común acuerdo: él viajaría primero, mientras que yo terminaba de organizar la mudanza y la clausura de nuestro gimnasio”

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Como a muchos de nosotros, la noticia del coronavirus tomó desprevenida a la pareja, así lo asegura Zully: “Juan ya estaba instalado en Zaragoza, le estaba yendo muy bien. Al principio no nos impactó el coronavirus, pensábamos que eso estaba pasando muy lejos, no iba a llegar Colombia, estábamos muy contentos, planeando nuestro futuro. Sin embargo, a medida que las decisiones gubernamentales de ambos países se volvieron más drásticas, entendimos que nos iba a afectar la vida de forma importante, porque los planes que teníamos quedaron aplazados, ya no sabemos si se puedan dar”.

Para ellos la covid-19 ha sido un proceso individual. Cada uno con su familia lo ha venido asimilando por etapas, dentro de la rapidez que ha sido la propagación mundial, no ha habido tiempo para sentimentalismos, sino para actuar de acuerdo a las circunstancias. Con alivio explica: “es una maravilla que exista la tecnología, pero ahora durante la cuarentena me vine a vivir con mi papá, entonces ha sido más difícil hablar con Juan, porque no tengo esa intimidad que existía cuando estaba sola en mi apartamento, la frecuencia ha disminuido y no volvimos a tener largas conversaciones, como antes”.

Facetime y WhatsApp son básicamente el puente que los une desde el viejo continente, y aunque a veces falla un poco la señal, Juan y Zully y tratan de seguir conectados, para al menos ver desde otra perspectiva esos planes que tenían juntos, por eso sus conversaciones se basan en qué ha pasado en España, o las novedades que se presentan en Colombia.


Nuestra prioridad es la salud

Cuando le pregunto a Zully qué es lo que más extraña de su pareja, no duda en contestar: “la ayuda mutua, desde que él se fue a España continué entrenando a todos los clientes que teníamos y si bien me sirvió de terapia, porque me mantenía bastante ocupada, me hace falta esa ayuda física, porque éramos un equipo, unos socios. Levantarme temprano, acostarte tarde, hacer el almuerzo, el desayuno, ir hacer mercado, hacer trámites, llamadas, etc, si no alcanzaba, él lo hacía, había una sincronización y todo funciona bien desde que me despertaba hasta que me acostaba”.

Pero cuando hablamos de la convivencia, la voz de Zully se entristece y confiesa que lo que más extrañan ambos es la presencia del uno en la vida del otro: “nosotros teníamos conflictos por pasar mucho tiempo juntos, pero al final ajustábamos las cosas, es tan importante ir a la cama sabiendo que estás acompañado y despertar sintiendo la presencia de la otra persona. Ahora levantarme me cuesta mucho, es abrir los ojos a una realidad diferente, porque cuando peleas sabes que se pueden resolver los problemas al día siguiente, pero afrontar una pandemia separados es otra cosa. Para nosotros todo era un plan: ir a la tienda, ver una película, hasta no hacer nada… Ahora extraño tanto a Juan, que he ratificado mi amor por él, algo que nunca había puesto en duda, a pesar de nuestras diferencias o problemas”.


Para Zully esta cuarentena es otro desafío en pareja que se debe afrontar, aunque no exista una respuesta, como sucedía antes con problemas que se resolvían en una hora, o un mes. Al borde de las lágrimas agrega: “quienes estén pasando por algo similar, nunca dejen de vislumbrar un objetivo en común, cuiden su salud así estén jóvenes, porque pueden colapsar los hospitales y este virus es mortal. Nosotros somos conscientes que Juan puede morir en España o yo aquí en Colombia, entonces nuestro objetivo principal es cuidar muy bien de nuestra salud mental y física, alimentándonos bien, ejercitándonos, manteniendo una buena relación con las personas que nos rodean. Así los planes cambien no importa, lo que interesa es volvernos a ver”.


El amor requiere de mucha madurez

Como nunca antes, Zully siente que ahora puede desnudar su alma, por eso confiesa que el amor es felicidad, porque cuando estás enamorado el mundo cambia, los planes se alteran, las aspiraciones que tienes se transforman y todo se vuelve una meta común con otra persona, tratas de pasar juntos la mayor cantidad de tiempo que se pueda en la vida, con la familia, los amigos, ya sea en una ciudad o en otra. Suspirando afirma: “el amor es un proyecto, es una sociedad, cuando estás en pareja te motivas más a pensar en un futuro”.

Para ella el apoyo de sus padres, hermanos y amigos ha sido incondicional desde que Juan viajó a España y se distanciaron, hasta el confinamiento al que estamos todos sometidos. Sus alumnos han estado pendientes de su situación, saben que está sola y todos se preocupan por la permanencia de su esposo en Europa, quien afortunadamente está con su mamá y su padrastro, un gran alivio para esta contingencia del coronavirus, su estabilidad laboral y búsqueda de una vida más tranquila.

En la soledad de su habitación, Zully piensa en aquellas parejas que están juntas, que comparten 7/24 , porque es otro desafío diferente al que afronta ella, hoy entiende perfectamente qué es estar distanciados o juntos mucho tiempo. Con tranquilidad agrega: “es importante sentarse y hablar, establecer unos protocolos, unas prioridades, unos planes, reconsiderar todo, hay que tener mucha madurez. Si ven que no se aguantan, no se soportan, entonces podrán determinar que la relación no pasa por un buen momento, que podrían separarse, o de repente este confinamiento les ayuda a afianzar sus sentimientos, a seguir juntos a pesar de los conflictos.

Para mi es difícil juzgar la situación que cada pareja atraviesa, algunos están confinados y querían separarse; otros están juntos porque se acaban de casar, entonces es el escenario ideal para conocerse mejor. Pero definitivamente si escogieron a esa persona es por algo, el coronavirus no va durar para siempre, este es un periodo corto pero con sentimientos muy intensos, solo cuando todo termine podrán decidir si quieren separarse. Hay que aguantar un poquito, no todo está perdido, hay esperanza y consuelo en medio de esta situación”.

 

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