Miércoles, 18 Octubre 2017 15:50

Estoy orgullosa de mi hija trans

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@NataliaGnecco

“Tengo tres hijos, mi hija mayor es una mujer transgénero y me siento muy orgullosa, porque todos hemos aprendido de ella. Hemos experimentado la realidad de personas, que, como Alejandra, se sintieron por muchos años en cuerpo ajeno y sufrieron gran parte de su vida al no poder manifestarlo, precisamente por la ignorancia que ha reinado en nuestra sociedad, frente al tema”. Con estas palabras Olga, de profesión abogada narra la experiencia de cómo logró allanar el camino para que su hija se sintiera amada y aceptada por toda la familia.


Es por eso que hablar de este asunto, dejó de ser tabú hace mucho tiempo para la mamá de Alejandra, sus hermanos y su padre, quienes le han brindado su apoyo incondicional. Olga, quien además de dedicarse a las leyes es una experta diseñadora de joyas, no se sorprende si la gente se enfoca más en preguntarle sobre los cambios hormonales, la legislación, los países que como Canadá realizan esta operación, el post operatorio, los costos, etc, etc, pero la madre de Alejandra nos invita a mirar el otro lado de la historia: la transformación del amor, cuando eres madre de una mujer transgénero. 

Con mucha naturalidad la abogada, quien se considera cafeinómana, amante de la poesía y el vino relata: “tuve la bendición de parir tres hijos maravillosos que amo con mi vida y con este inmenso cariño he podido superar todas las diferencias que hemos sorteado. Cuando se tienen hijos lo que más nos importa como padres es poderles dar una buena educación basada en buenos principios y valores, que estudien para que puedan afrontar este mundo cada vez más difícil. Sin embargo, en nuestro caso, además de valores, hemos querido que luchen siempre por su felicidad, así vaya en contra de lo podríamos haber esperado (error que cometemos los padres, uno debe esperar que sus hijos sean felices por ellos mismos y no por aquello que a nosotros nos podría hacer felices).

Desde muy joven el comportamiento y crecimiento de Alejandra era el de estar viviendo en un cuerpo que no era el de ella. Cuando le dijo a la familia, que empezaría su tratamiento hormonal para cambio de género no fue una sorpresa para nosotros, fue el resultado ya de su decisión de afrontar al mundo y batallar por lo que ella siempre ha sido: una mujer”.

Olga confiesa que al desconocer el tema de las personas transgénero, la hizo cuestionarse inmediatamente como madre: ¿en qué fallé? Pero pronto estudió, leyó y empezó a conocer más a fondo de qué se trataba todo este proceso, por eso con pesar confiesa: “el único remordimiento que me queda es no haberme dado cuenta a tiempo, para ayudar a mi hija mucho antes a sentirse bien consigo misma y evitarle tanto sufrimiento, porque por años no pudo decirme cómo se sentía. Como familia nuestra mayor preocupación era que la gente, por ignorancia, pudiera hacerle algún daño o que fuera víctima de la discriminación”.

Para la familia de Alejandra, la identidad de género y la identidad sexual son cosas diferentes, no se impone, no se aprende, no se contagia, no es una enfermedad; es una decisión que nace del sentir de la propia persona, con convencimiento de causa, por eso Olga señala: “sé que generalmente, a un heterosexual le es difícil entender cómo una persona naciendo mujer u hombre podría sentirse cómo alguien del sexo opuesto o como podría gustarle una persona del mismo sexo. Cuando mi hija nos comunicó cómo desde pequeña se sentía viviendo en un cuerpo que no era, me puse a la tarea de investigar y leer mucho sobre el tema, y no lo hice al principio por entenderla a ella, sino para entender cómo podría aceptar esta situación”.

Al preguntarle a la abogada si siente que perdió un hijo y ganó una hija, ella se apresura a aclarar: “es mi hija, la misma que vi nacer y crié, solo que ahora vive como se siente por dentro, y no con el cuerpo físico con el que nació, por eso mi consejo para las madres es que amen a sus hijos tal y como son, sin juzgarlos, entendiendo que es la felicidad de ellos y no la nuestra. La educación que les hemos brindado siempre estará presente, somos nosotras quienes debemos ilustrarnos sobre tema, estudiar, hablar con nuestros hijos y jamás rechazarlos, porque nosotras los parimos”.


Lo que los padres deben saber

Olga recuerda que cuando se formó el escándalo por las cartillas del Ministerio de Educación, ella habló con su hija sobre la controvertida noticia y Alejandra le puso el siguiente ejemplo: “si a mí no me gusta la ahuyama, sin saber que existe, después me muestran que hay una verdura que se llama ahuyama, igual no me va gustar”. Lo que ella quiso expresar es que el conocimiento del tema no hará que nuestros hijos sean o no homosexuales, cambien o no de género. Esto no se trata de moda o de ideología”.

Como madre, el mensaje que desea dejar Olga es que no se deben maltratar ni confundir más a nuestros jóvenes lanzando o cuestionando temas que desconocemos. Hay que investigar leer, averiguar para poder comprender, por eso explica: “son muchos los muchachos que se suicidan al no ser comprendidos y amados por ser de una u otra forma. Ayudemos a que nuestros hijos respeten a los que no piensan y sienten como ellos; eso sólo podrán hacerlo si entienden por qué son de una u otra forma. Mis tres hijos son una bendición, y por los hijos y su bienestar en un mundo tan hostil vale la pena aprender, reconocer y respetar que no todos somos iguales”.

Por lo general, los especialistas siempre recomiendan ubicar un terapeuta con experiencia en este tipo de situaciones familiares, pues es muy importante apoyar tanto a los padres, como a los hijos. Sin embargo, al preguntarle a Olga si en Colombia existen organismos que acompañen estos procesos de transformación, ella es enfática al afirmar: “creo que más que eso, lo que hace falta es conocimiento del tema, respeto por las diferencias y amor por nuestros hijos. El papel del amor incondicional es fundamental. No hay mayor fuente de amor en tu vida que tus hijos.


Como no todos los niños trans expresan su género de manera similar, existen algunas pautas que incluyen a jovencitas afirmadas que desean orinar sentadas, usar ropa tradicional para niñas, tener el pelo largo, jugar más con otras niñas y elegir “juguetes para niñas”; los hombres afirmados suelen ser muy marimachos, quieren pelo corto, juegan principalmente con otros niños o se sienten más cómodos con ropa tradicionalmente juvenil e incluso hacen pis de pie. Al hablar sobre este tipo de señales, Olga es muy realista al respecto: “las madres nos damos cuenta de cada situación de nuestros hijos, que a veces queramos negárnoslo a nosotras mismas es otro cuento. Así pasó con mi hija, la transformación o decisión de cambio de género, no se da de un día para otro”.

Los padres deben saber que la aceptación lleva tiempo, por eso la mamá de Alejandra explica: “por muchos años, mi hija no sabía ni entendía por qué se sentía como mujer, habiendo nacido como un hombre y siendo criado como tal, con principios religiosos, dentro una familia de padres heterosexuales. Seguramente, hubiese sido más fácil para ella conocer qué pasaba en su vida y no haber tenido las ganas de morir, como muchas veces lo sintió”.

¿Pero ha cambiado en algo su relación? Con paciencia la abogada dice: “mi relación con Alejandra antes y ahora es la misma, somos muy muy unidas; la diferencia es que ahora puedo entenderla más y bueno antes no se ponía mi ropa. (sonrisas). Además, la admiro muchísimo, por tener la valentía de afrontar el mundo y luchar por su felicidad, enseñándonos que por encima de todo está el amor que nos tenemos”.

La vida de Olga y Alejandra es apenas un testimonio de muchas familias que han afrontado esta situación con éxito. Por eso vale la pena destacar las reflexiones deRachel Pepper, terapeuta especializada en trabajar con la comunidad transgénero, quien asegura que todas las historias de padres de hijos transgénero tienen un denominador común: ellos realmente luchan por comprender algo que les es inusual al principio, pero eligen creer en sus hijos y no dejan que la sociedad les dicte que algo está “mal” con ellos. Muchos se han convertido en defensores de todos los niños en el espectro de género y a menudo, de toda la comunidad transgénero. Han pasado de la conmoción y el miedo, a la aceptación, e incluso a convertirse en líderes en sus comunidades. Este es el poder del amor de los padres.

Fotos: archivos Olga y Alejandra


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