Domingo, 20 Diciembre 2009 04:14

El hermano André, primer santo quebequense

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frere_andre_2Recuerdo que cuando llegué a Montreal, Anamaria Gómez me ayudó a encontrar un lugar en Côte- des-Neiges, y mientras inspeccionaba mi habitación, me llevó corriendo a la ventana y emocionada me mostró una inmensa cruz iluminada que se elevaba en lo alto de Mont Royal, sostenida por la imponente cúpula del Oratorio San José. Era un buen augurio según mi paisana y me imagino que gracias a esa permanente contemplación nocturna, este lugar se convirtió en mi sitio de meditación preferido.

Me dediqué a explorar este santuario y descubrí que esta rutina de observar la misma montaña y pedir que se hicieran realidad mis sueños, también acompañó solitariamente al hermano André hace más de un siglo cuando anhelaba desde su humilde habitación del seminario de Montreal, poder construir un majestuoso templo para San José.

La historia del hermano André es fascinante, él fue un religioso canadiense, perteneciente a la Congregación de la Santa Cruz y su nombre real era Alfred Bessette .Fue hijo de una familia humilde y

profundamente religiosa, su padre era armador de carretas, su madre se dedicaba a educar a sus diez hijos. Cuando fallecieron sus padres era menor de edad, trabajó de zapatero, panadero, labrador, herrero, y a los veinte años se fue a los Estados Unidos, donde se ocupó de ranchos y molinos por un tiempo.

En 1863 ingresó a la Congregación de Santa Cruz en Montreal e hizo sus votos religiosos en 1866. Según los cronistas, desde muy joven fue un hombre visionario y en 1900 se le apareció San José, su don de sanar enfermos lo convirtió en un ser muy especial, pues con mucha devoción le untaba un aceite a los afligidos mientras oraba fervorosamente por su recuperación, invocando siempre a San José. Su humildad y entrega a los demás eran sus mayores cualidades, son muchos los milagros atribuidos en vida al Hermano André, quien no escapó a las polémicas o malentendidos que lo afectaron emocionalmente.

El hermano André pasó de ser el portero del convento de Montreal, a gestor de la construcción de la Basílica del Oratorio de San José en 1904, pues su reputación traspasó fronteras y los contribuyentes llegaban de todas partes de Quebec y Canadá. A su puerta siempre golpeaban los afligidos en búsqueda de consuelo, no en vano dentro de este majestuoso santuario hay cientos de muletas y agradecimientos a San José de parte de familias enteras que recibieron la sanación, por eso en la Basílica los visitantes pueden depositar sus peticiones especiales al esposo de la Virgen María, quien es el mejor abogado del mundo porque es patrono de los trabajadores, de la sagrada familia, de los enfermos, protector de la iglesia, guardián de las madres, defensor de la niñez y muchas otras causas que están inmortalizadas en su Oratorio.

El bienaventurado André murió el 6 de enero de 1937 a los 92 años, su funeral fue multitudinario, más de un millón de quebequenses desfilaron delante de su féretro para despedir los restos de este héroe del cristianismo, quien reposa en el interior del santuario. Fue beatificado por el papa Juan Pablo Segundo el 23 de mayo de 1982.

De rodillas! Oratoire_St_Josehp

El Oratorio San José es un lugar tan mágico, que cada día existe una razón para visitarlo, atraída por su encanto he ido bajo las condiciones climáticas más absurdas y aunque parezca inverosímil he visto peregrinos subir de rodillas con temperaturas superiores a menos 15 grados haciendo caso omiso al gélido viento, las orejas rojas del frío o ese punzante calambre que nos recorre el cuerpo cuando estamos a punto de congelarnos y no sentimos ni los dedos de los pies.

Alegría, tristeza, soledad, esperanza se reflejan en rostros de peregrinos del mundo entero, que vienen a pagar promesas ante San José o hacerle una petición especial sin importar su religión. Como por ejemplo Timofei Iona Zoe, rumana, ortodoxa quien subió de rodillas al oratorio acompañada de su madre, ellas no pudieron contener al confesar que estaban agradeciendo a San José su reencuentro familiar después de cinco años y la obtención de su residencia permanente en Canadá.

Asimismo, Eduardo Mendoza quien es de origen panameño no vaciló ni un minuto en pedir la intervención del hermano André, cuando enfrentó un problema económico que lo estaba consumiendo tanto física como sicológicamente y el milagro se dio, pues en menos de quince días sus problemas se solucionaron.

Existen cientos de anécdotas para contar, pero lo último con lo que esperaba toparme era con la novia del bienaventurado André. Se trata de la colombiana Gloria Zapata, quien trabaja desde hace diecisiete años en la boutique del Oratorio y dice sin rodeos: “El hermano André, es mi novio o como decimos aquí en Quebec, Il est mon chum! Yo lo visito todos los días, le hablo, le cuento mis problemas, mis angustias mis alegrías… hasta le discuto, pero siempre me ha escuchado, soy testigo de sus milagros en mi familia. Yo lo amo profundamente y espero con impaciencia el día de su canonización”.

Via libre para la santificación

Una nueva etapa hacia la canonización del hermano André se acaba de producir, pues el Papa Bendedicto XVI reconoció una curación milagrosa gracias a la intermediación de este religioso de Quebec. Durante una audiencia con el prefecto de las Congregaciones para la causa de los santos, Mgr Angelo Amato, el Soberano Pontífice en efecto autorizó a las Congregaciones a promulgar el decreto relativo a un milagro asignado al hermano André.

Con este visto bueno del Papa el fundador del Oratorio San José esta a punto de convertirse en el primer santo de Quebec. Hace algunos meses, una comisión médica del Vaticano determinó que una curación científicamente inexplicable se había producido, fue así como una comisión teológica estudio el caso para demostrar que este milagro podía verdaderamente atribuirse a la intermediación del hermano André..

Castellanos_1Mientras esta grandiosa noticia se produce, consulté la opinión del Padre Miguel de Castellanos, miembro del equipo pastoral de la Basílica de Notre-Dame de Montreal, perteneciente a la congregación de los Sulpicianos y encargado de los matrimonios que se celebran en una de las iglesias más bellas de Norteamérica: “No creo que lo más importante sea la canonización del hermano André, lo que tenemos que redescubrir son los valores y la verdad que él anunció; la presencia y la acción de Dios en la vida de un pueblo o de una comunidad; la caridad, el amor por los más necesitados, por las personas que sufren. Si logramos redescubrir todo esto, tal vez podamos comprender porqué la Iglesia lo quiere proponer como modelo de virtud y santidad de vida. Todos los santos no han hecho otra cosa que proclamar la verdad de Jesucristo y la acción de Dios en nuestras vidas”.

Asimismo, el padre Jean-Guy Vincent, quien pertenece a la congregación de la Santa Cruz y es el encargado de la liturgia en el Oratorio San José, compartió sus pensamientos concluyendo: “El bienaventurado André, es una figura muy importante para el mundo moderno, durante su existencia acogió a enfermos de toda índole, demostrando compasión a quienes se acercaron a él. En este mundo que busca permanentemente un sentido, él se erige como un hombre de oración que nos presenta a un Dios lleno de bondad, atento a las necesidades de todos sus hijos, por eso siempre le decía a sus fieles “Tan bueno es Dios, que siempre cuida de nosotros”.

Y agrega, “El hermano André, es un hombre sencillo, del pueblo, amigo de San José y para llevar a cabo su proyecto del Oratorio, se asoció con donantes no sólo de Quebec sino del mundo entero, que continúan sosteniendo su magnífica obra. Con razón el papa Juan Pablo Segundo decía hace algunos años que el mundo de hoy necesitaba más de testimonios que de predicadores y el hermano André,es un testimonio activo: un hombre de piedad, que congrega a millones de personas, un visionario, un fundador."

Foto hermano André: Congregación de la Santa Cruz

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