Miércoles, 09 Noviembre 2016 23:48

Seis mujeres, un solo país

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@NataliaGnecco

“No sé quién las invento... no sé quién nos hizo ese favor... Tuvo que ser Dios” Muy probablemente la estrofa de la famosa canción de Arjona cobró vida en el Club el Nogal de Bogotá cuando se otorgaron los Premios a los Mejores Líderes 2016 de Semana, y la Fundación Liderazgo y Democracia a seis increíbles mujeres colombianas. El premio, auspiciado por Telefóncia Movistar contó con una participación de 300 personajes, de los cuales se escogieron 28 finalistas y se premiaron a 10 y no me resisto a pasar por alto, el hecho que seamos parte de ese potencial de colombianos que contribuyen al desarrollo del país. Somos  las mujeres las llamadas  a demostrar esa  gran capacidad social, a encarnar valores y crear un clima de credibilidad alrededor del futuro de Colombia.


Es por eso que ante la avalancha de noticias sus nombres no pueden pasar por alto y vale la pena rescatar su liderazgo en un entorno público, sea éste comunitario, local, regional o nacional, desde la política, la sociedad civil, el Estado, o cualquier ámbito público, independientemente de la profesión o el sector al que pertenezcan.

Los invito a memorizar sus rostros y tenerlas muy presentes como un ejemplo de tenacidad, valentía y amor por nuestro país, ellas son: Luz Marina Bernal, Diana Sierra, Claudia Triana, Diana Palacio, Natalia Ponce de León y Zulia Mena.

Natalia Ponce de León: en una sociedad a la que tanto le ha costado dejar el rencor, Natalia Ponce de León encarna una figura excepcional y un enorme ejemplo. Desde que el 27 de marzo de 2014 un vecino suyo le arrojó un litro de ácido, su vida se ha convertido en un testimonio de resiliencia, y las marcas en su rostro en una protesta permanente contra los violentos. Ponce de León no se sometió a la infamia del ataque. No se aisló en la soledad de un cuarto o detrás de una máscara. Esta bogotana de 35 años prefirió enfrentar el horror: reemplazó el miedo por el activismo, el liderazgo y el perdón y, así, logró superar su drama. Conocerla es advertir de inmediato su fuerza y su optimismo. Estos rasgos le han permitido agarrar la bandera de la lucha por los derechos de las víctimas de agresiones con sustancias químicas: un crimen por el cual Colombia sobresale en los más oscuros escalafones internacionales. Creó una fundación que lleva su nombre en la que asesora legalmente a otras víctimas. Promovió la Ley 1773 de 2016, que aumentó las penas a los responsables de estos ataques. Y se ha convertido en una vocera del trato digno y justo ante el sistema de salud, la Policía y el aparato judicial. Todo esto, a pesar de que ha debido someterse a más de 50 cirugías. Los tratamientos, físicos y psicológicos, la acompañan hasta hoy. Pero, sin aparente cansancio, Ponce de León sigue al frente de su causa. En julio, la cadena británica BBC le otorgó en Londres su tradicional premio Outlook Inspirations por su “rol inspirador” y su “coraje”. “Necesito salir y ayudar a mucha gente”, dijo recientemente en una entrevista. “Siento que muchos necesitan ayuda y voy a dedicarles mi vida”.


Claudia Triana:  fundadora y directora del Fondo Mixto para la Promoción Cinematográfica - Proimágenes Colombia, quien fue destacada por promover una renovación, mejoramiento y revolución del cine colombiano como la principal gestora de la Ley de Cine, gracias a la cual se ha impulsado la producción en el país. Con esta Ley se creó una renta parafiscal con la que los distribuidores, exhibidores y productores, aportan una parte de sus ingresos en taquilla a un fondo que promueve la actividad del séptimo arte en el país. Gracias a esto, en Colombia la producción aumentó de 2 películas por año a 40, posicionando al país como el cuarto en producción de cine en Latinoamérica. Claudia ha pasado 35 años trabajando con la industria del cine colombiano en varios frentes, pero los últimos 17 años con PROIMAGENES, que le ha permitido conocer y aprender acerca de la industria mundial y hacer mi pequeña contribución al movimiento Colombia en el escenario mundial. Para ella es una gran satisfacción cuando una película finalmente llega al público y te das cuenta que has sido capaz de seguir todo el proceso, desde el diseño de programas de subsidios a la identificación de espacios en los proyectos puedan crecer y, por último, 

 Luz Marina Bernal: no podía quedarse con los brazos cruzados cuando asesinaron a su hijo, Fair Leonardo Porras, en 2008 y lo hicieron pasar por guerrillero. No solo tenía que aclarar cómo lo habían hecho, sino mostrarles a los colombianos que él no era un delincuente. Desde entonces, ella comenzó su lucha por la verdad y la justicia para que este caso de asesinato, mal llamado falso positivo, no quedara impune. Alejandro Matos, director de Oxfam, señala que Luz Marina ha demostrado dignidad y grandeza ética pues acudió a muchas instancias judiciales y políticas en busca de la verdad a pesar del riesgo. “Además, no se quedó en el egoísmo, sino que fue solidaria con las otras víctimas del mismo crimen para ponerle voz a otros casos que están en la impunidad”, precisó. Así Bernal se convirtió en la madre de Soacha más reconocida y en una líder de las familiares víctimas de falsos positivos, que pueden llegar a 4.000 casos. Su labor fue vital para que reconocieran el asesinato de su hijo como un crimen de lesa humanidad y para que la justicia colombiana llevara a cabo 3.430 investigaciones relacionadas con este tipo de asesinatos. En el fondo, su lucha por la verdad y la justicia busca que la sociedad colombiana no vuelva a sufrir el terror de los falsos positivos y que las víctimas tengan una reparación integral con justicia social. Por eso, como explica Matos, “Luz Marina no lucha por la reparación financiera. Siempre ha dejado claro que la vida de su hijo no tiene precio, a pesar de que su realidad económica no es fácil”.

Zulia Mena: cuando llegó a la Alcaldía de Quibdó en 2012, Zulia María Mena se propuso una tarea que para algunos era imposible: administrar la capital del Chocó con transparencia, lejos de modelos corruptos que han oscurecido la política en esa región. El reto no le quedó grande, lo logró y al final su Alcaldía alcanzó el reconocimiento como la segunda mejor de todo el país. Aunque se había trazado propósitos complicados, su mayor preocupación eran las filas que día a día los ciudadanos hacían en su despacho, porque veían en su mandato una fuente de empleo, una mano milagrosa que les proveería y cubriría sus necesidades. Varias veces Zulia les confesó a sus más cercanos colegas que nada le preocupaba más que el desempleo y que la solución, al parecer, estaba lejos de su alcance. Los chocoanos coinciden en que su mandato se concentró en darle una nueva cara a Quibdó con obras claves como la Ciudadela Mía —viviendas de interés social—, el Colegio Mía y la remodelación del centro; además de sus esfuerzos porque a todos los rincones de la ciudad llegara agua potable. Sus planes insignia estuvieron en contravía de la clase corrupta, pues su mandato provino de las comunidades negras de base que la eligieron. Su proyecto administrativo era la Ruta Q que buscaba, bajo el esquema de transparencia, que todos los propósitos estuvieran enfocados en promover la cultura (creó la primera orquesta sinfónica juvenil de Quibdó), y en mejorar la infraestructura. La transparencia en la administración de Quibdó y la lucha por los derechos de las comunidades afros del Chocó hacen de Zulia una de las líderes más destacadas del país.

Diana Palacio: bastaron 28 segundos para que gran parte de las construcciones del Eje Cafetero quedaran destruidas en 1999. Un terremoto detonó la tragedia de miles de familias, pero también generó la solidaridad de muchos colombianos, entre ellos la de la bumanguesa Diana Palacio, de 52 años, que, al ver lo ocurrido, participó en un programa de reconstrucción de escuelas. A partir de ese momento comenzó su lucha constante por ayudar a miles de niños en situación de vulnerabilidad. En la actualidad dirige la Fundación Ayuda a la Infancia, que presta atención a los menores de 6 años al articular esfuerzos de la sociedad civil, el sector público-privado y la cooperación internacional. De esta manera auxilia a un gran segmento de la población marginado durante mucho tiempo. A pesar de los esfuerzos del gobierno, todavía el 58 por ciento de los niños se encuentran en situación de pobreza, según la Cepal. Por medio de su liderazgo, Diana busca dar oportunidades a miles de pequeños vulnerables que no tienen acceso a sus derechos, pues sabe que el desarrollo de la primera infancia sirve de cimiento para la formación de seres integrales. Bajo su gestión anualmente reciben apoyo 1.400 niños entre 0 y 6 años, al igual que 3.450 padres de familia. El país puede dormir un poco más tranquilo porque tiene en ella una gran heroína que, al trabajar sin descanso por el futuro de miles de menores, contribuye a mejorar su calidad de vida.


Diana Sierra: ha mejorado la calidad de vida de miles de mujeres adolescentes con un invento que les ha permitido estudiar y realizar sus actividades cotidianas sin temor. Diseñó una toalla higiénica usando tela impermeable de sombrilla y tela de mosquitero para que las niñas la rellenen con tela y la reemplacen cuantas veces sea necesario. Pero no se quedó ahí, al ver que muchas de ellas no tenían dinero para comprar ropa interior, ideó un segundo prototipo que integra esta toalla a un panti. Un invento sencillo, pero revolucionario que beneficia a miles de mujeres de escasos recursos y ofrece un buen ejemplo de innovación social. Esta diseñadora industrial colombiana, que vive en Estados Unidos, se inspiró de su experiencia en Uganda, África. Allí vio cómo la menstruación avergonzaba e incomodaba a miles de niñas sin recursos y las llevaba a abandonar la escuela antes que vivir una humillación pública. Esa profunda injusticia social negaba a esas futuras mujeres el derecho a la educación. Consolidó su idea cuando conoció una estadística según la cual una de cada diez niñas en el mundo no tiene acceso a productos sanitarios. Para distribuir su producto, Sierra, de 36 años, fundó Be Girl Inc., una empresa social que ha beneficiado a 25.000 mujeres en 12 países y tiene el reto de llegar a 400.000. Gracias a su sensibilidad e ingenio, ha logrado rescatar la dignidad de las adolescentes de escasos recursos que, para colmo de males, tienen que llevar a cuestas la vergüenza de tener el periodo menstrual, un hecho natural, pero satanizado por la sociedad. Y les ha ofrecido una oportunidad para no abandonar sus estudios con la esperanza de que en un futuro ellas puedan construir un mundo mejor que el que les tocó.


Fotografías por: Juan Carlos Sierra- Thomson Reuters Foundation News
Textos perfiles: Revista Semana.- Proimágenes
Agradecimientos: Fabían Hernández- Telefónica

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